(CONVERSACIÓN EN UNA TABERNA ENTRE OBREROS SINDICALISTAS, ALGUNOS DE LA CNT. CAMPO CERRADO. MAX AUB.)

max aub

 —Lo que  vale,  lo que  vale de  verdad, pero de  verdad, es  la  indisciplina,  la  voluntad  sin control  de  cada  individuo.  Lo  que  hay  es  que  cada  vez  que  se  han  afrontado  la  disciplina  y  la indisciplina  siempre  ha  vencido  la  disciplina.  ¡Espera!:  no  por  su  fuerza  intrínseca —el  hombre sabía hablar aunque era machacón—, sino porque la disciplina, ya sabes lo que quiero decir, traía más  fusiles, más  ametralladoras  o más  borregos. No  sé  si me  explico:  a  fuerzas  iguales,  gana siempre la indisciplina, siempre. Apuesto lo que quieras.

 —No se trata de apostar.

 —Déjame  en  paz.  La  indisciplina  es  la  suma  de  todos  los  esfuerzos  voluntarios, ¡voluntarios!, de  todos. La disciplina es una esquiladora mecánica. Fíjate en  la diferencia que ha de  haber  entre  un  hombre  que  quiere  luchar  con  otro  a  quien  obligan  a  ello. ¿Cómo  se  ha  de dudar un solo momento del resultado? Y si no, ya se vio en Sallent. ¡Pudimos con los civiles!

 —Sí, pero en cuanto mandaron  refuerzos, unos se  fueron al monte, otros a paseo, y os quedasteis solos.

 —Bueno ¿y qué? Ya eran ellos más. La disciplina mata los mejores impulsos, el deseo de luchar,  lo mejor  del  hombre,  las  raíces  con  las  cuales  uno  puede  entenderse  siempre  con  los demás.  Y  si  hay  que  morir,  quiero  morirme  como  me  dé  la  gana;  y  que  no  venga  zutano  o perengano  que,  porque  tenga  galones,  crea  poder  disponer  de  cómo  he  de  estirar  yo  la  pata. Cada uno ha de saber arreglárselas como pueda. Mi vida… Eso de la disciplina lo han inventado los políticos para poder salir en  los periódicos; es muy  fácil dirigir o preparar acciones desde  la cama. Eso se queda para  los  jefes socialistas. Si  tengo una pistola en  la mano moriré donde yo quiera. Y  lo demás son historias. Un responsable nuestro no  tiene más remedio que andar entre nosotros, donde se recogen las aceitunas, las negras, las verdes y las grises. Y hacer la faena de todos. Por eso son los más bragados. ¡A ver si los capitostes socialistas o comunistas se atreven a  tanto! ¿Ir a  la  cárcel?  ¡Valiente  cosa! Donde  se  conoce a  los hombres es  con un arma en  la mano.

 —Así acabarán con vosotros.

 —¡Ya saldrán otros!

Por  lo  general  todos  estaban  de  acuerdo  en  lo  fundamental,  que  era  considerar  a  los políticos  de  los  partidos  obreros  como  unos  farsantes  y  vividores.  Para  ellos  el  prototipo  del género era Largo Caballero, a quien tenían por vendido y cobarde.

 —¿Para qué  tantas vueltas —continuaba diciendo el Maquinista— cuando  las cosas son tan sencillas? Este tiene lo que el pueblo no tiene y sanseacabó… Si lo puedes tomar lo tomas, y si no, a freír espárragos. ¡Los discursos en el parlamento, para limpiarse el culo!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s