MILES DE ESTUDIANTES MARCHAN EN LONDRES POR LA EDUCACIÓN GRATUITA AL MARGEN DE LOS SINDICATOS OFICIALES

Tras la crisis de 2008, la reforma más inteligente habría sido hacer que el sistema financiero se pareciera al educativo, y no al contrario

Hay cierta clase de alegría que solo se experimenta la primera vez que se hace historia, y que no se la le puede describir a quien no la haya vivido. Ayer unxs 10.000 jóvenes de todo el país descubrieron de qué se trata.

El 19 de noviembre de 2014, la fecha de la marcha por la educación gratuita, será con seguridad recordado como el comienzo de un nuevo movimiento estudiantil. Sin el apoyo de nigún gran partido ni institución, abandonado incluso por su propio Sindicato Nacional de Estudiantes, lxs organizadorxs han conseguido, no obstante, movilizar a miles de personas, incluidxs estudiantes adolescentes de institutos y escuelas primarias, con el apoyo de un pequeño grupo de veteranxs de las movilizaciones de 2010.

Sin embargo, y a diferencia del movimiento occupy de 2010, esta no ha sido una acción de defensa ni una llamada a detener los recortes; lxs estudiantes buscaban dar la vuelta por completo a la orientación general de las políticas de enseñanza superior – y, por extensión, la orientación que ha tomado la sociedad en su conjunto – durante los últimos 30 años.

Las autoridades están perdidas en lo que respecta a cómo actuar. En la Plaza del Parlamento, lxs manifestantes pasaron vallas y escuadrones de policía que guardaban la entrada; se deslizaron en columnas por las calles adyacentes, escabulléndose al posible cerco policial; encendieron bengalas y pirotecnica, arrojaron pintura en las puertas de entrada al Departamento de Negocios, Innovación y Capacitación y, en general, convirtieron los pasillos del estado en un parque infantil. El ambiente imperante era el de un encendido desprecio a las pretensiones de poder; una acción que, aparte de ciertos escarceos y detenciones, no provocó mayores daños, ni siquiera en perjuicios de importancia contra la propiedad.

Lxs organizadores se fueron llenos de planes, incluyendo una jornada de ocupaciones el 3 de diciembre, más una jornada de acercamiento a la comunidad el 6 de diciembre, con la aspiración de organizar acciones más amplias y radicales (posiblemente una huelga de estudiantes al estilo de la de Quebec) en los próximos meses.

¿De dónde sale esta inusitada sensación de confianza? Aparte de la abrumadora carga de deuda que se le está imponiendo a toda una nueva generación de estudiantes, se da también una comprensión, en términos intelectuales, de que la otra parte ha perdido ya la batalla. Al sistema actual no le quedan ya prácticamente buenos argumentos. Si alguna “reforma” ha demostrado ser un fracaso absoluto, esa es sin duda la reforma de la educación superior de 2010. Como ha señalado Andrew McGettigan, han conseguido costarle dinero al gobierno y crear masas de estudiantes endeudados al mismo tiempo. La política de préstamos es una catástrofe incendiaria.

Pero un simple momento de reflexión basta para darse cuenta de que las reformas nunca podrían haber tenido eficacia económica. Fueron solo la primera reacción del nuevo gobierno a la crisis financiera de 2008. Ese año, el sistema educativo estaba funcionando como un servicio bien llevado; el sistema financiero, por el contrario, trabajaba tan mal que estuvo a punto de provocar un colapso económico mundial. El sentido común hubiera dictado que, si había que hacer alguna reforma, era hacer que el sistema financiero se pareciera más al sistema educativo – y no al contrario.

La única forma de explicar por qué la coalición tomó el camino opuesto, es reconocer que lo que ocurrió fue un ataque ideológico; una especie de golpe preventivo contra toda posible alternativa. En ese momento quedó claro que casi todo lo que se nos había contado sobre la autorregulación de los mercados y la sabiduría de la clase inversora era mentira. Prácticamente, el único argumento que le quedaba al sistema era que no se podía hacer otra cosa. Y desde el punto de vista histórico, ¿de dónde van a sacar visiones y movimientos alternativos que puedan llevar a una posible recuperación, si no es de las instituciones de enseñanza superior?

La publicación Browne review, en la que se basaron las reformas, partía de la premisa de que no hay estudiante que siga la educación por un deseo de entender el mundo, sino solo para aumentar en lo posible sus futuros ingresos. En esos momentos, nada podía estar más lejos de la verdad. Lo que no impidió que se utilizara como pretexto para introducir políticas que indujeran el endeudamiento masivo, diseñado para impedir que lxs estudiantes accedan a la educación de cualquier otra manera. Y no se consideró un impedimento el hecho de que convertir a los licenciados en peones endeudados solo podía tener como resultado inhibir la imaginación y creatividad de toda una generación – con sus evidentes efectos económicos perniciosos –; eso era precisamente lo que se buscaba.

No hay duda de que si el movimiento crece, los medios presentarán debidamente a lxs estudiantes como bárbaros por romper un cordón de vallas o arrojar globos de pintura. Pero si lo pensamos bien ¿quiénes son los bárbaros? No llamamos bárbaros a los godos o los hunos porque rompieran cosas. También las rompían los romanos. Los llamamos bárbaros porque no tenían interés por el arte, la ciencia, la filosofía, la música o la poesía de las civilizaciones que conquistaban. No los consideraban valores en sí mismos. Lo que hacían lxs estudiantes en 2010, y lo que están haciendo hoy, es defender el arte, la ciencia y la filosofía contra un régimen que piensa que ninguna de esas cosas tiene valor a no ser que procuren riqueza y poder. Defienden, literalmente, los valores de la civilización de aquellxs que lxs han abandonado.

La afirmación de que este país no puede afrontar la gratuidad de la educación superior debe encararse precisamente con el desprecio que lxs estudiantes mostraron ayer. Es ridículo pretender que Escocia. Irlanda o México puedan mantener universidades gratuitas, pero Inglaterra, por alguna razón, no pueda hacerlo. Alemania ya ha abandonado su experimento fallido de tasas de matrícula. Si Inglaterra hiciera lo mismo, y lo hiciera bien, probablemente nos ahorraría dinero.

Pero, en cierto sentido,no es esa la cuestión. Ello cambiaría también el rumbo de la historia. Sería un amanera de recordarnos que la educación no existe solo en virtud de la economía, sino que la economía existe para proporcionarnos los medios de seguir adelante con la educación. En efecto, resulta una ironía verse reducidxs al extremo de que sean nuestrxs hijxs los que tengan que recordárnoslo, mientras que lxs líderes adultxs se rebajan al equivalente moral de godos, unos y vándalos.

David Graeber.

http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/nov/20/students-march-against-markets-education-free

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