Archivo de la categoría: privatización

La Sección Sindical de Enseñanza de CNT apoya la lucha de las intérpretes de signos de secundaria

Tras largo tiempo de abusos y despropósitos, con una situación laboral de absoluta precariedad a pesar de la importancia social de su labor, las intérpretes de signos de Málaga están en lucha con diversas acciones contra la administración.

La función social de lxs intérpretes de signos, especialmente en los centros públicos de secundaria, es fundamental para la integración de lxs adolescentes, y lxs docentes que hemos tenido la oportunidad de trabajar con ellxs en clase conocemos bien el valor de su trabajo. No así la administración de la Junta, a la que le basta con referirse a ello cuando le conviene ponerse medallitas y silenciar, sin embargo, su nefasta actitud: el servicio se deriva a una empresa privada, que impone unas condiciones absolutamente inadmisibles a lxs trabajadorxs (más información aquí).

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En Málaga, el colectivo ha iniciado movilizaciones que comenzaban con un encierro en el edificio de la Delegación Territorial de Educación, y que fue impedido por la policía.

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Desde la sección sindical de enseñanza del SOV de CNT-Málaga manifestamos nuestro apoyo a la lucha de estas trabajadoras, suscribiendo las reivindicaciones de su manifiesto y exigiendo a la Junta de Andalucía que cese de privatizar servicios de fundamental importancia social.

http://malaga.cnt.es/spip.php?article1047

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Enfrentamiento en la Escuela Municipal de Música de Buitrago del Lozoya

Compañerxs de la Sección Sindical de CNT en el Ayuntamiento de Buitrago de Lozoya denuncian el despido de la directora de la Escuela de Música y Danza de la localidad por su perfil reivindicativo: los criterios de “excelencia y elitismo” son los que priman en el Ayuntamiento, del PP.  Senda Norte, publicación de la Sierra Norte de Madrid, hace un resumen del conflicto y da voz a todas la partes implicadas: alcaldía, representantes sindicales y toda la comunidad educativa.

Análisis de la Reforma Educativa (3+2)

De nuevo, con la misma excusa -la internacionalización- de las anteriores reestructuraciones de la ensañanza universitaria se sigue avanzando en obstaculizar el acceso (y la permanencia) de la clase trabajadora a las universidades.

Los Grados Universitarios implantados en el Plan Bolonia tienen una duración de 4 años (240 ECTS), estos supusieron la desaparición de las antiguas Licenciaturas (y equivalentes) y la aparición de algunos Máster necesarios para ejercer determinadas profesiones. Es con la nueva reforma con la que esto se convertirá en la norma.

Con la nueva reforma, las universidades podrán crear grados que oscilen entre los 180 ECTS (3 años) y los 240 ECTS, pero en el caso de profesiones reguladas, es el Gobierno el que establece las condiciones. Por lo tanto, la flexibilización pregonada no es tal cosa. Sin embargo, sí veremos aumentar la competencia entre universidades púbilicas con sus planes de estudios diferenciados. Esta competencia posibilita la mayor presencia de empresas y financiación privada.

Para los nuevos Grados la reforma dice:

“[…]primen los contenidos generalistas y de formación básica en los planes de estudios de títulos de Grado[…]”

Es decir, se pretende que los nuevos Grados no formen suficientemente para el desempeño de una profesión y así, hacer imprescindible los Máster (2 años) para adquirir conocimientos especializados. Esto nos lleva a un gran encarecimiento de la enseñanza universitaria, ya que el crédito (ECTS) en España es mucho más caro en los estudios de Máster. Además, el acceso a becas en los estudios de Máster es menos accesible.

Como vemos, la nueva reforma encarecerá los estudios sustancialmente y dificultará el acceso a determinadas profesiones. Otra posible consecuencia será la reducción de profesorado, ya que se reducirá la duración de los estudios de grado y para muchos/as estudiantes el estudio de un Máster será inaccesible.

Y en esa escalada de la dificultad para completar todos los peldaños educativos, que tienen el Doctorado como la máxima titulación que alcanza a reajustar este decreto, las posibilidades de un alumno/a de nuevo ingreso de acabar siendo doctor/a estarán de nuevo a merced de su capacidad económica. El complejo entramado legal nos obliga a hacer referencias externas a este decreto para entender con qué razones podemos afirmar que los filtros para poder hacer una tesis doctoral serán mayores. Ya en la reforma anterior se colocaba el posgrado escalonado con la obligatoriedad de cursar un máster universitario previo paso a la realización de un doctorado cambiando la situación anterior de los antiguos Diploma de Estudios Avanzados (DEA) o “cursos de doctorado”. Además, al aumento desproporcionado de las tasas universitarias anuales para la entrada en uno de los nuevos programas de doctorado regulados por el Real Decreto 99/2011 de 28 de enero, se suman el, a todas luces, insuficiente número de becas para el desarrollo de estudios de investigación. Por poner solo un ejemplo, en las últimas dos convocatorias del programa de becas de Formación del Personal Universitario (FPU) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte el número de concesiones se ha rebajado de 950 a 800 para todas las ramas de la ciencia y para todas las instituciones universitarias españolas. Si al aumento del precio de los estudios que ya hemos mencionado, le añadimos el gasto que supone una tesis doctoral en desplazamientos o material se hace casi inviable soportar esta carga económica para el grueso de la población sin una financiación externa.

Por tanto, cuando esta reforma educativa llamada del 3 +2 o “reforma Wert” anuncia en su artículo 2 la modificación del Real Decreto 99/2011 para reflejar la obligatoriedad de haber superado grado y máster, siempre que el cómputo de créditos sea de 300 ECTS, está demostrando ser un instrumento para alcanzar por una última vía la reducción del número de doctores/as.

No nos extrañaría que en un futuro cercano, cuando empecemos a padecer las consecuencias de esta reforma, nos presenten la solución “mágica” a esta problemática: las Becas-Préstamo. Así obtendrán una nueva clase trabajadora más endeudada y sumisa (si cabe) que la actual.

HACIA LA AUTOGESTIÓN

http://ensemad.cnt.es/articulo/lisis-de-la-reforma-educativa-32

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3 + 2 = Estafa. A los universitarios no le salen las cuentas

El niño que fui no iba a huelgas estudiantiles, o al menos a casi ninguna de ellas. Mis padres, por una absurda norma que imperaba en casa, no me dejaban asistir. Probablemente tuviera una justificación social, quien iba a huelga era tomado un desobediente que no quería dar clase por simple desidia.

Así, debía quedarme en un aula vacía mientras pasaban, agónicas, las horas en el reloj. En cierta ocasión, durante una clase, alguien llamó a la puerta y también a la movilización. Los alumnos salieron como ovejas descarriadas del aula y entonces un compañero me miró y dijo: ¿Vienes? Durante un instante se paró el mundo. Rescaté el chaquetón de la percha, cogí la maleta y salí del instituto como quien conquistaba la verdadera libertad. Viví entusiasmado mi primera huelga, pensado en protestas violentas, contenedores ardiendo, cócteles molotov, carreras por las calles y resistencia a la autoridad. Nada de eso sucedió. Nos quedamos en la misma puerta del instituto jugando a las cartas, al póker, sentados en el suelo, gritando improperios contra el gobierno de turno y comiendo el bocadillo que traíamos de casa.

Han pasado dieciocho años de aquello cuando regreso a una manifestación estudiantil. Ahora no vivo en Jerez sino en Barcelona y no hay un grupo de estudiantes sino una amplia y heterogénea masa social, aunque el plan de las élites sigue siendo el mismo: restringir la educación sólo para quien pueda costearla. En realidad el objetivo final es la perpetuidad de las élites y su condición privilegiada, si sólo tú estudias, solo tú accedes a los puestos de poder, si los demás se encuentran trabas, zancadillas y desprecio en el camino y tú un pasadizo secreto que te lleva al mismo corazón del éxito, la misión se vuelve mucho más sencilla.

Los datos no engañan, la combinación entre plan Bolonia -cuyo objetivo de mercantilizar la enseñanza fue disfrazado de especialización- y el 3+2 termina impidiendo el acceso a la universidad a los estudiantes cuyas familias disponen de menos recursos económicos. En palabras de Ana García, secretaria general del sindicato de estudiantes,  “desde que el Partido Popular llegó al Gobierno ha habido una demolición de la educación pública y unos retrocesos tremendos. En todo este tiempo, en torno 32.000 profesores han sido despedidos, unos 45.000 estudiantes expulsados de la universidad por no poder pagar las matrículas, aproximadamente 600.000 niños que se han quedado sin becas para comedor o libros, y por eso hemos convocado 17 huelgas de estudiantes al Gobierno del Partido Popular.”.

No son los únicos datos catastróficos, según el Observatorio del Sistema Universitario, el gobierno ha destinado 1.523 millones de euros menos en cuatro años a las universidades; el gasto medio por alumno ha bajado un 25,2% y las tasas han subido hasta tres y cuatro veces más de lo que costaba en 2007. ¿La consecuencia? Que la Marea Verde sigue su campaña de protestas, que persiste la indignación ciudadana y que las calles están hoy repletas de gente.

Las últimas protestas están teñidas por la lluvia de la indignación. Hoy chispea, hay nubarrones grises y una fila interminable de furgonetas de los mossos patrullando el centro de la ciudad. Sin embargo, la población aguanta el chaparrón al que le someten la clase política con estoico optimismo. Si algo caracteriza las manifestaciones recientes es la convicción absoluta en el cambio, una fe ingenua y necesaria. “No sabíamos que era imposible, por eso lo hicimos” dice el viejo proverbio. Si la manifestación por los abusos policiales del 4f fue dolorosa, gélida y llena de rabia en una ciudad consternada, esta protesta es húmeda, ruidosa y multitudinaria. Una masa de estudiantes se enfrenta al plan Wert que emborrona su futuro con una sonrisa en el rostro. La adolescencia quizás sea eso, sonreír ante quien no tiene el privilegio del tiempo.

Nada más pisar Plaza Universitat se refrenda la sensación vivida en anteriores protestas. Las manifestaciones en España están adquiriendo un carácter transversal, supera afiliaciones y distancia ante el drama, adquieren un carácter universal bajo una única bandera, la de la humanidad. Suena trascendente pero es real. Las cosas por las que se protestan son siempre trascendentes. Los ciudadanos se atrincheran defendiendo los pilares básicos de su sociedad: sanidad, educación y trabajo. Protestar es una forma de vida contra un mundo que no entienden. A vista de pájaro se pueden diferenciar personas provenientes de la PAH, de la plataforma de afectados por la Hepatitis C y algunos colectivos de trabajadores víctimas de un ERE empresarial. Cocacola, por ejemplo, que se han movilizado adquiriendo una gran presencia en todas las protestas nacionales. La marca de bebida más popular a nivel mundial despidió a 821 trabajadores en un ERE que un juez anuló por fraudulento. El gobierno no ha mostrado especial interés en hacer cumplir la sentencia, y parece más del lado de la multinacional. La portavoz del sindicato de trabajadores, megáfono en mano, lee un comunicado dando clases de anticapitalismo para principiantes en el centro de la plaza. Los alumnos aplauden y agitan sus pancartas. Unas tijeras de cartón, el dibujo de un riñón y un ojo, lo que cuesta la educación.

Es solo el comienzo. Una muchedumbre de adolescentes invade las calles del centro de Barcelona e inician la marcha que recorrerá sus principales avenidas. Me introduzco en ella como quien vuelve a otra etapa de la vida. Se habla de exámenes, de las clases, de profesores, de vacaciones, se habla del sol y la lluvia, del concierto del fin de semana, de lo feo que es Rajoy. Unas chicas portan una pancarta sobre feminismo y posan para la fotografía. Unos jóvenes reparten folletos de la asociación de estudiantes anarquistas. Me pregunto si no sería un joven anarquista de haber vivido este presente y esa juventud. Los gritos interrumpen mi pasado alternativo:

“Vamos a ver quién lleva la batuta, el pueblo organizado o el banquero hijo de puta”.

“De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste”.

“Mas, cabró; retalla’t els collons”.

“Manos arriba, esto es un atraco”.

Y un clásico: “Lo llaman democracia y no lo es”.     

El eco del 15M resuena entre una población que debían tener doce o trece años cuando estalló la gran protesta de mayo de 2011. Por un momento olvido que estos jóvenes han crecido con la crisis, han visto crisis, vivido crisis, comido crisis. La crisis puede ser una de las palabras de sus vidas. Son hijos de la indignación. Señalan al monstruo del capitalismo, a su codicia. Banqueros, políticos, agentes bursátiles, lobbies que reciben el menosprecio de una edad entregada a la emoción de la injusticia, al storytelling de nuestra desgracia. La Borsa de Barcelona será la principal afectada de la protesta.

Al pasar frente a su edificio, una lluvia de huevos y pintura sobrevuela nuestras cabezas. Los estudiantes se protegen entre sí acorazando la muchedumbre, difuminando la culpa, lanzando cada proyectil con una mano gigante y totalizadora. Los mossos no saben bien de dónde llega el acento de la protesta. Al monstruo invisible del capitalismo, escondido entre la ingeniería financiera, los despachos blindados y los acuerdos paralelos a la sociedad, le ha surgido un contrincante dispuesto a mancharle la cara. La fachada del edificio se tiñe de color arcoíris. La furgoneta policial aparcada junto delante del edificio, también. Los estudiantes ríen, los fotógrafos corren buscando una foto y los mossos terminan aceptando el precio de tanta tropelía.

La marcha sigue y dobla la esquina volviendo al punto iniciático: Plaza Universitat.

Me engulle la multitud y voy quedando rezagado, al fondo de la protesta. La juventud llega como un torpedo y se marcha a esa misma velocidad. En la cola, unos profesores protestan por la precariedad laboral que sufren las universidades de unos años a esta parte. Su manera de vestir lo dice todo: estilo casual con camisetas, sudaderas y pantalones vaqueros. Ni rastro de corbatas, chaquetas o maletines. Son profesores de trinchera, del lado de los alumnos. Su pancarta revela otra triste realidad: “La UB explota i precariza. Professorat en lluita contra la universitat-empresa”.

No es de extrañar que salgan a la calle, los profesionales universitarios pueden ser contratados hasta en veinte tipos de contratos de profesorado. Un régimen laboral caracterizado por la temporalidad y la baja retribución. La LOU, ley orgánica de universidades aprobada en 2001, abrió una puerta a la precarización que el gobierno ha aprovechado abriendo la herida, disfrazándola de especialización y denominándola excelencia. Entre estos contratos: post-doc, investigador visitante, agregado, lector, visitante lector, ayudante lector, ayudante específico o ayudante de programa propio. También profesores asociados de 6, 8 o de 12 horas, profesores titulares interinos a tiempo completo o a tiempo parcial, etc. E incluso el profesor “honorífico”, quien da clases de forma voluntaria, sin cobrar ni tener contrato alguno.

La nueva realidad del profesorado genera, además, un control ideológico inexcusable. Cada fin de contrato temporal es temido por quienes tienen su puesto de trabajo en dependencia de un despacho cerrado con clara línea discursiva. En 2013 los profesores asociados ya eran en la Universidad de Barcelona el 40% de la plantilla, tendencia al alza en los dos últimos años. Un conjunto de trabajadores que en palabras de su asamblea, APR-UB, se encuentran sometidos al abuso de la temporalidad, sufren una brutal discriminación salarial y encuentran cerrado el acceso a plazas de profesor agregado o titular.

Las distancias entre el profesorado y el alumnado son más estrechas que nunca, fundiéndose en una misma colectividad. Ambos ven un presente gris e intuyen un futuro negro. Por eso su aparato de protesta ha salido a la calle. La repercusión de su oficio afecta a todos los estamentos sociales, que sin ellos verían resentida su calidad democrática, su nivel de vida.

Yo mismo soy un producto híbrido, consecuencia del trabajo docente del profesorado y de la lucha histórica del alumnado por sus derechos. Tuve una beca de posgrado en una Universidad pública. El máster que estudié ha pasado de ser público a privado, triplicando su precio en tan sólo cuatro años. Mi caso no es exclusivo, por eso se ha convocado aquí a tanta gente, porque al fin y al cabo, esta es una lucha de todos, por eso acuden madres, padres y familiares que sienten el deber de protestar, por eso veo profesionales de todos los sectores que salieron de la universidad y se solidarizan con la causa, por convocar, convocan hasta el adolescente que fui, y acabo sentado como lo hice en mi primera manifestación estudiantil, a las puertas de la universidad. Ahora, dieciocho años después, siento que desobedecer es no estar aquí, que holgazán es el que queda en su casa o en el aula, que vuelvo a jugar a juegos de azar con las cartas que me ha repartido la vida y pensando en el bocadillo del mañana. La partida acaba y es mi turno. La muchedumbre sigue gritando contra el 3+2 mientras miro al cielo. La lluvia vuelve. Lanzo mi última carta.

Javier López Menacho.

http://lareplica.es/3-2-estafa-cronica-protesta-estudiantes/

Estudiantes3-2-31

La trampa del 3+2 y del 4+1

Un análisis de Carlos Fernández Liria en eldiario.es sobre el decreto ministerial de reducción de los grados universitarios a 3 años, el llamado 3+2.

Hay un clamor en contra del llamado “3+2” que reducirá los grados universitarios de cuatro a tres años y aumentará a dos años los másteres a precios prohibitivos. Sin embargo, me temo que nos están tendiendo una trampa mortal y me impacienta que no se repara mucho en ella.

Y es que, el Plan Bolonia se impuso con tales niveles de mentiras de por medio que ahora es muy difícil orientarse. Desde el principio, todo fue una especie de extorsión mafiosa: no te obligamos a nada, pero te vamos a poner en unas condiciones en las que tú mismo entrarás por el aro. Bolonia son lentejas que las puedes tomar o las puedes dejar, aquí todo es voluntario. Y al final todo quedaba claro. ¿Tu Universidad no quiere proponer másteres a la evaluación de la ANECA? No pasa nada,  podéis seguir sólo con la licenciatura. ¿No queréis convertir la licenciatura en Grado? No pasa nada, podéis ser una Facultad que solo imparta postgrado. ¿No queréis ser evaluados? Es voluntario, no hay  problema, pero las otras universidades ya se están evaluando -y desde luego las privadas-, de modo que cuando haya que recortar facultades y departamentos ya veremos por dónde se empieza. ¿No os gustan las empresas? ¿No  queréis financiación “externa”? ¿Y quién os obliga? Eso sí, para obtener financiación pública es un mérito (cada vez más imprescindible) haber obtenido financiación privada. Todo este chantaje institucional se encubrió con unas dosis de propaganda grotesca. Se recordará -¡qué vergüenza ajena, por dios!- cómo nos decían que iban a cambiar el modelo de enseñanza, la cultura del aprendizaje, que las aulas tendrían que ser más pequeñas, las clases más prácticas, los alumnos sentaditos en círculos, dialogando de tú a tú con el profesor. ¿Ya nadie se acuerda de esto? ¿No se recuerdan los telediarios que hacían propaganda encubierta de una empresa llamada Educlick, que proponía que los profesores fueran sustituidos por mandos a distancia para manejar powerpoints interactivos? Ana Pastor me hizo callar en 59”, interrumpiéndome a los 23 segundos, cuando intenté denunciar que el Informe Semanal sobre Bolonia había sido un puro ejercicio de propaganda. Sé que es difícil de creer, pero, según ese programa, las clases iban a ser tan prácticas y tan alegres que, en las imágenes, salían unos alumnos de oceanografía que -supuestamente gracias a la implantación del plan Bolonia- estaban haciendo submarinismo en unos arrecifes de coral.  Algunas autoridades académicas daban conferencias explicando que se iba a intentar habilitar pequeñas cocinitas en las aulas, para que los profesores y los alumnos -a los que a veces también podía “sumarse algún artista invitado”- pudieran picotear durante las clases, charlando apaciblemente. No estoy exagerando, tengo pruebas documentales de todo esto. En algún curso de preparación para la  Convergencia Europea se nos llegó a aconsejar al profesorado técnicas de anti-estrés, proponiéndo darnos mutuamente masajes en los pies. Para todo este delirio, se movilizó -como siempre ha sido habitual en estas ocasiones- a “expertos en educación” y pedagogos que emitían terribles informes sobre lo mal que saben enseñar los profesores, que, al parecer, siempre son viejos, feos, anticuados o medio franquistas y se limitan a repetir como loros unos apuntes amarillentos que datan del pleistoceno. El papel de estos “expertos en educación” siempre es el mismo: ponerlo todo patas arribas, revolver los destrozos con un potingue de promesas delirantes y calumnias sin sentido, mezclarlo  bien con alguna que otra verdad, y servir en bandeja el resultado a las autoridades gubernamentales. Entonces, estas se ocupan  de lo que siempre se había pretendido: una reconversión económica de la enseñanza estatal.

Este diagnóstico lo repitió mil y una vez el movimiento estudiantil contra Bolonia. No hay que insistir más en ello. Lo que me interesa recordar en este artículo es algo que tiene que ver con el asunto del 3+2 que ahora Wert ha empezado a poner sobre la mesa.  Esta vez también es todo voluntario. Nadie obliga a implantar el 3+2. Las Universidades e incluso las Facultades pueden decidir lo que prefieran. Pero que conste, se nos dice, que en Europa predomina el 3+2.

En general, la reacción del movimiento estudiantil ha expresado un rotundo NO al 3+2. Sin embargo, a mí me parece que una vez más nos han metido en un callejón sin salida en el que el sí y el no conducen al mismo desastre. Se trata de una maniobra de distracción. Voy a intentar explicarme recordando otra de las vilezas con las que inicialmente nos colaron el plan Bolonia. En una de las encarnizadas negociaciones con las autoridades académicas, se nos llegó a recriminar nuestro incomprensible alarmismo apocalíptico, alegando que, si nosotros hubiéramos querido, podríamos perfectamente haber dejado las carreras como estaban, con el 3+2 que ya existía: tres años de diplomatura y dos de licenciatura. Así, se nos dijo, no habríamos tenido que tocar nada. Ni masajes en los pies, ni mesas redondas y cocinitas para alumnos, ni culturas del aprendizaje para enseñar a enseñar, ni nada. Habría bastado un mero cambio de terminología, llamando grado a la diplomatura y máster a la licenciatura. El cinismo era inaudito porque nos lo decían cuando ya habíamos hecho trizas nuestros planes de estudio para pasar por los “verificas” de la ANECA. La realidad era muy  distinta, y se podía  resumir con franqueza: se acabaron los precios públicos para cinco años de licenciatura;  provisionalmente, nos proponían conformarnos con cuatro (de grado). Y el quinto o sexto de estudios superiores que  se los pague quien pueda. Eso era todo y punto.

Luego fue mucho peor. Los alarmistas nos habíamos quedado cortos. Un año de licenciatura costaba 600 euros de media y de pronto se colocó el año de grado en unos 1.500 (1.800 si hacemos una estimación media incluyendo la brutal subida de las segundas y terceras convocatorias). Los precios públicos se multiplicaron por tres. En cuanto al 5º curso de los estudios superiores, que antes costaba 600 euros, ahora aparecía como máster a unos 3.500 euros más o menos (llegando a 4.500 con segundas convocatorias). Es una villanía pretender que esta cruda realidad económica no fue, desde el principio, el principal objetivo de tanta algarabía.

Ahora nos quieren de nuevo confundir, haciéndonos morder el anzuelo y agotarnos en la lucha contra el 3+2. No, señores, el 3+2 no es el problema. Antes de Bolonia teníamos un “3+2”  magnífico (diplomatura + licenciatura) a precios sensatos. Y en Europa, es verdad, predomina el  3+2 y no pasa (relativamente) nada. ¿Saben por qué? Porque un máster en Leipzig o en Berlin cuestra 200 euros al semestre (y te dan el abono de transporte gratis). En París, cuesta 180 euros. En Dinamarca, Bulgaria, República Checa, Bélgica,  Suecia, Noruega, Eslovaquia, Islania, Finlandia y Austria los precios son inferiores a los 400 euros.

¿No se trata de converger con Europa? Pues empecemos por los precios y luego hablamos de eso del “tres más o dos” o lo que sea. Que no nos engañen. Bolonia no cortó  las carreras en dos más que con la finalidad de reducir los años que se podían estudiar a precios públicos sensatos. Ahora quieren recortar aún más. Pero que no nos vengan con cuentos sobre la racionalización europea del 3+2. Bienvenido sería un 3+2 a precios europeos. Y si no van a cambiar los precios, por supuesto, luchemos por el 4+1. Pero teniendo muy claro que esto es ya una inmensa derrota sobre la cuestión económica principal. Tengamos esto muy presente en todas las discusiones que se avecinan sobre el tipo de Universidad que se quiere proponer, por  ejemplo, desde Podemos.

Y mientras tanto, recordemos que la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, se descolgaba el otro día diciendo que el modelo actual de la universidad estatal es insostenible. Uno se pregunta: ¿Y por qué fue sostenible durante tantas décadas justo en la época más masificada del boom demográfico? ¿Cómo es entonces sostenible en Alemania, en Francia o en Finlandia? Con muchos impuestos, dijo. Pues habría que estudiar las proporciones. El PP, en todo caso, es contrario a subir los impuestos. Y mucho menos a subir su carácter progresivo y afectar a las grandes fortunas. Tampoco es partidario de aumentar el número de inspectores fiscales hasta llegar al nivel europeo. Menos aún de ponerles a investigar el fraude a gran escala. Así es que ya saben ustedes, comuníquenselo a sus familiares, a sus padres, a sus abuelos y a sus conocidos y allegados: si usted quiere suprimir la Universidad estatal en la que estudiaron las últimas generaciones y reservar la Universidad para una escogida élite adinerada, vote al PP. También existe la opción de llegar al mismo resultado votando al PSOE: al fin y al cabo, fue este último partido quien llevó la iniciativa en la implantación del Plan Bolonia. Ahora sólo hay que rematar la faena. El objetivo estaba claro desde el principio, ya en el año 1999: se acabó eso de que todo el mundo pueda estudiar en la Universidad. Nosotros fuimos universitarios, nuestros hijos y nuestros nietos no lo serán.

Carlos Fernández Liria.

http://www.eldiario.es/zonacritica/trampa_6_362273792.html

9M-1

3+2, APUNTALANDO LA UNIVERSIDAD DEL MERCADO

El pasado 30 de enero nos despertamos con una desagradable noticia, un nuevo ataque en forma de Real Decreto Ley del gobierno contra los/as estudiantes que introduce el modelo 3+2 (3 años de grado y 2 de posgrado/máster). De nuevo el ministro Wert legisla contra la opinión mayoritaria de la comunidad educativa y sin realizar ningún tipo de consulta, una muestra más del cariz autoritario de este gobierno que se empeña en hacernos cada día las cosas más difíciles, sin acceso a la enseñanza, sin acceso a la vivienda, recortando en sanidad,  reprimiendo en las calles, limitando la libertad de expresión… nada nuevo, parece que ya hasta nos hayamos acostumbrado a cargar sobre nuestras espaldas los sacrificios y los excesos de una élite que vive por y para si misma, como es lógico.

Esta reforma universitaria se veía venir desde hacía tiempo, puesto que no es más que la continuación del Espacio Europeo de Educación Superior, “Plan Bolonia” y la Estrategia Universidad 2015, que proviene de directrices de la Unión Europea en un simulacro de convergencia y falsa movilidad de los/as estudiantes en el territorio europeo.

 Qué supone esta reforma

Actualmente los grados universitarios tienen una duración de 4 años y posteriormente la posibilidad de realizar un máster de 1 año, la reforma cambia de 4 a 3 y de 1 a 2. Aparentemente puede resultar un cambio superficial, pero 3+2 es solo el título de una macabra representación de la exclusión de la enseñanza superior de los sectores populares, la devaluación de la enseñanza ofertada y un nuevo marco educativo focalizado en la formalización de la universidad-empresa como apéndice del mercado global.

Lo primero y más llamativo es la obviedad de que en 3 años no se adquieren los mismos conocimientos que en 4. Se pretende hacer unos grados de 3 años cuyos contenidos sean sumamente generalistas y quien quiera adquirir una mínima base tendrá que realizar un máster. La siguiente observación sería el disimulado encarecimiento de la enseñanza superior que supone. El cálculo es muy sencillo, si el crédito (forma de medir el trabajo realizado por el/la estudiante, por lo general una asignatura son 6 créditos) en una universidad pública madrileña ronda los 27€, el de un máster 65€. Si un grado actual de 4 años son 240 créditos y un máster de un año 60 créditos, un grado de 3 serían 180 créditos y el máster de 2 años 120 créditos. Esto nos lleva a que el 4+1 supondría un gasto alrededor de los 10000€ por estudiante y el 3+2 rondará los 14000€. Y recordamos que las antiguas licenciaturas (5+0)  rondaban los 5000€. Lo dicho, una subida indiscriminada del coste que supone el acceso a la enseñanza superior.

Además de estos datos reales e irrefutables, tenemos toda una serie de falsedades sobre las que el ministro y sus acólitos se refugian para promocionar las supuestas bondades del 3+2. La punta de lanza de su argumentario es la llamada convergencia europea, la supuesta mayor facilidad que tendrán los/as estudiantes a la hora de realizar parte de su carrera en el extranjero. Este argumento es algo especialmente retorcido, puesto que a las escasas plazas ofertadas en las becas Erasmus,  que permiten realizar un año de la carrera en otra universidad europea, hay que sumar las irrisorias ayudas económicas que se proporcionan que no permiten llevar una vida digna el año que se pasa fuera y que nadie se podría permitir sin la necesaria ayuda familiar. La movilidad solo está al alcance de quien económicamente se la pueda permitir. Además, en el marco de la Unión Europea ya se funciona con el sistema de créditos ECTS, por lo que la posibilidad de convenios entre universidades ya se puede dar por usar un marco común en la cuantía del trabajo realizado por el/la estudiante. Ojalá se copiase a Europa en lo que realmente se necesita, universidad gratuita y/o grandes ayudas al estudio.

 Escuela de élites, fábrica de precarios/as

Todas estas reformas sobre el mundo de la enseñanza, desde Bolonia, pasando por la LOMCE hasta el 3+2, no responden a una situación excepcional de crisis económica, ya que todas estas reformas están ideadas antes de la crisis, si no que responde a los intereses de las élites económicas y políticas. La enseñanza es probablemente uno de los espacios más importantes de reproducción de los valores dominantes, que no son más que los de la clase dominante que controla y maneja a su antojo. Por ello todas las reformas en el mundo de la enseñanza siempre están encaminadas a una mejor adaptación a los ritmos y necesidades del mercado, los cuales son antagónicos a los intereses de quien quiere enseñar y de quien quiere aprender. De esta forma los centros de estudio dejan de ser espacios de generación y transmisión de saberes, para ser meros apéndices de un modelo económico y político. Sumado a los contenidos docentes y los marcos legislativos, nos encontramos también con la nula existencia de una mínima democracia interna de puertas para adentro en las universidades, donde cada vez cobran más protagonismo los “Consejos Sociales”, donde las empresas más importantes están representadas y orientan de esta manera los planes y proyectos de las universidades.

El resultado al final es la tendencia a generar unas universidades de primera y otras de segunda, fomentar las desigualdades de puertas para adentro y la competitividad entre iguales. Si alguna vez los servicios públicos fueron garante de una cierta redistribución de la riqueza y la igualdad de oportunidades, ese tiempo ya ha acabado. Hoy la universidad está cada vez más al alcance de menos jóvenes, y una gran parte ya ni se lo plantean.

 Resistencias y movilización

Toda acción provoca una reacción. Y esta ley ha vuelto a visibilizar el conflicto que de forma permanente existe en los campus universitarios e institutos. Un conflicto que ha supuesto un gran desgaste para los distintos movimientos de resistencia, pero que aun así continúan y continuarán. El 26 de febrero se han sucedido jornadas de huelga en Catalunya, Galiza y Aragón, y para el 24 de Marzo también está convocada en la Comunidad de Madrid.

En un contexto de retroceso de derechos generalizado, un bastión tan importante como la educación debe ser un espacio de ebullición reivindicativa, la juventud sin ningún tipo de esperanza en lo existente no puede ser si no un motor de cambio necesario. Un cambio que no puede quedarse en la derogación de tal o cual ley, puesto que estas leyes son indisociables del proyecto político de las élites, por tanto es importante confrontar también en ese aspecto, reideando y reinventando lo que conocemos ahora por universidad e instituto, generar desde las luchas un nuevo proyecto educativo al servicio de la transformación social, con la gratuidad, la universalidad y la gestión comunitaria como ejes vertebradores de dicho proyecto.

*Para más información acerca de las movilizaciones y protestas recomendamos la visita de la web de la Federación Estudiantil Libertaria www.felestudiantil.org

http://www.todoporhacer.org/3mas2

3-2

3+2: RAZONES PARA UNA HUELGA

3+2 no es igual a una mejor universidad. Esto denuncian la mayoría de los sindicatos de estudiantes de las universidades públicas del país, que, después de meses de organización, han convocado una huelga para el 26 de febrero. Se trata de una jornada de protesta contra el decreto aprobado por el ministro Wert y como herramienta para parar la Estrategia Universidad 2015.

El decreto denominado 3+2 pretende reducir la duración de los grados a tres años y aumentar la de los másteres a dos para imitar el sistema universitario del resto de países europeos. Con el Plan Bolonia se previó la posibilidad de modificar la licenciatura a grados de tres o cuatro años. Una vez decidido que constarían de cuatro cursos con un año más de máster, el 3+2 llega sin haber hecho una valoración del anterior modelo. Las estudiantes denuncian que se trata de una medida que comportará un encarecimiento de los estudios superiores y, en consecuencia, la elitización de la universidad. Esta reforma se enmarca en un contexto de precariedad del sistema universitario español. La financiación de las universidades públicas se ha visto reducida en un 24% en cuatro años a la vez que se subían las tasas al alumnado y se endurecían las condiciones de acceso a las becas.

Así pues, ¿que supondrá el 3+2?

3+2 = desregulación

La reforma no da unas pautas claras sobre qué grados pasarían a ser de tres años, con 180 créditos a cursar, y cuáles continuarían teniendo cuatro, el equivalente a 240 créditos. De momento, parece que algunos estudios científicos y tecnológicos mantendrían la misma duración, mientras que los relacionados con las ciencias sociales y humanidades tenderían a la reducción a los tres cursos. Cada universidad tendrá libertad para decidir su plan de estudios, hecho que puede dar lugar al aumento de competitividad entre universidades para captar alumnos ofreciendo precios más baratos o una mejor formación.

3+2 = formación básica

Se suprime la especialización durante el grado, que pasa a tener un contenido muy elemental, y que los sindicatos señalan que se convertirá en una continuación del bachillerato. Esto supone también la eliminación de ciertas carreras. Por ejemplo, Arqueología sería un máster que se podría cursar después del grado de Historia. La oferta actual de másteres públicos es del 40% frente al 60% de privados. Se pronostica que con el 3+2 esta tendencia iría a la alza. Se tendría la oportunidad de suprimir los másteres públicos que sean poco productivos, imposibilitando así el acceso de algunos jóvenes a ciertos estudios y profesiones por el elevado precio de matrícula de la especialización.

3+2 = encarecimiento

El ministro Wert afirma que la reducción del grado a tres cursos abaratará los costes de los estudios. Evidentemente, con menos cursos habrá menos matrículas y menos dinero que pagar. Ahora bien, como el grado tendrá un contenido formativo básico, el máster pasará a ser de carácter casi obligatorio, hecho que disparará el gasto por alumno en sus estudios universitarios. Actualmente, un crédito de grado cuesta entre 18 y 40 euros y uno de máster público entre 40 y 60 euros. Según el Observatorio del Sistema Universitario (OSU), el encarecimiento progresivo de las universidades es un hecho constatado desde hace tiempo. Se calcula que en 2011 las aportaciones monetarias de los estudiantes representaban, de media, un 12% de los gastos totales de las universidades públicas, mientras que en el curso 2013 había aumentado hasta el 25%. De hecho, desde la aprobación del Real Decreto Ley 14/2012, mediante el cual cada comunidad autónoma podía fijar los precios de matrícula de sus universidades públicas, las tasas han subido hasta el 65%, y llegan a doblarse en el caso de repetir una asignatura.

3+2 = beneficio para los bancos

El externalización de parte del ciclo educativo perjudica el alumnado con menos recursos económicos, pero es una inyección para las entidades financieras y las empresas. El 3+2 y la consiguiente subida de los precios de los estudios superiores permitirán en los bancos ofrecer más préstamos dirigidos exclusivamente a las universitarias. La Caixa, Kutxabank, Banco Santander y Banco de Sabadell son algunas de las entidades bancarias que ya conceden créditos con intereses de hasta el 7% específicamente para los jóvenes que no pueden pagarse los estudios.

3+2 = elitización de la universidad

La privatización de la educación es denunciada por las organizaciones estudiantiles desde hace tiempo. El 3+2 sesgará el alumnado de forma que la gente más cualificada será la que puede pagarse la titulación completa. A pesar de la denuncia de este hecho, el Ministerio de Educación defiende el 3+2 alegando que pagar tres cursos reducirá el gasto de los estudiantes. En muchos puestos de trabajo, sin embargo, es condición imprescindible tener el título de licenciatura, equivalente al actual 4+1 (cuatro cursos de grado y uno de máster), que, con la aplicación de este decreto, pasaría a ser de 3+2. Además, hay que mencionar la reducción de las ayudas universitarias en becas. Para acceder a las becas generales hace falta una nota mínima de 6,5 en la Selectividad y haber aprobado todos los créditos para poder renovarla los cursos siguientes.

https://www.diagonalperiodico.net/saberes/25848-32-razones-para-la-huelga.html

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